Jesica - El campamento
Parte 1
parte 2
Parte 3
Oscar, el marido de Jesica había aprovechado unos minutos libres que disponía y se sentó en un café, quería pensar, pues a pesar de que todo parecía en orden, no concebía que las dos veces que había aparecido José, tanto n el campamento como en la fiesta se hubiera quedado dormido tan pronto y sin que él recordara haber tomado demasiado. Estaba concentrado pensando cuando advirtió la sombra de alguien que estaba parado a su lado...
En otra parte de la ciudad, más precisamente en su casa, Jesica estaba sorprendida de ella misma, no se sabía ?tan puta?, pues había gozado demasiado en esa gran orgía, pero a pesar de su sorpresa, apenas recordó lo de la noche anterior, comenzó a excitarse nuevamente. Recordó esa gran pija sobre la que se sentó, o cuando la alzaron entre dos tipos para que el mismo pijudo la cogiera y sintió el mismo calor en sus entrañas. Se tentó de masturbarse, pero se contuvo, debía recuperar su compostura, tenía que terminar con esta historia. El sonido de su propio celular la sobresaltó.
-buenas putita- José hablaba desde el otro extremo de la línea
Pensó en cortar, en insultar, en rebelarse, pero no pudo
-buenas José- se limitó a aceptar las palabras de ?su dueño?
-demasiado cortante para haber gozado tanto anoche- ahora él sonaba risueño
-no seas así, no me gusta que me humillen- dijo ella angustiada
-mmm, creo que anoche te excitó bastante, pero bueno, en fin. Te necesito esta noche- El tono imperativo de José no admitía negativa
-¿esta noche?, pero ¿Cómo hago?, sabés que no puedo faltar de mi casa- exclamó acentuando la angustia
-no se, inventate alguna excusa, de todas formas tu marido no llega hasta las ocho, vos a las diez estás desocupada-
-supongo que no tengo alternativa- dijo ella
-no, a las cinco de la tarde te paso a buscar- ordenó él
-¿Cómo me visto?- preguntó ella
-no te preocupes, yo te llevo la ropa- exclamó con un tono de poca paciencia
-¿Cuándo me vas a liberar de esto?- preguntó Jesica, pero él ya había cortado.
Mientras tanto en el café donde Oscar se encontraba
-¿estás seguro?- dijo sorprendido Oscar
-completamente, es todo tal cual le cuento- dijo su compañero de mesa
-¿y que hacemos?- la pregunta de Oscar sonó un poco fuerte de tono
-ya lo tengo todo preparado- dijo el interlocutor
A las cinco en punto, Jésica estaba nerviosa, y apenas sonó el timbre de calle, ella abrió impaciente
-¿Cuándo va a terminar esto?- preguntó impaciente ella
-primero saludame- exclamó secamente José
-buenas José, ¿Cómo estás?- ella exageraba la amabilidad
Él no respondió, en cambio le pasó una bolsa con la ropa que el quería que ella usara. Jesica miró el contenido
-¿no pretenderás que use esto?- preguntó ella entre asustada y sorprendida
José la miró en silencio, su mirada fue tan dura que ella no se atrevió a oponerse más, y desapareció rumbo a su dormitorio.
En breves minutos volvió a aparecer, traía una corta remera negra, una minifalda de jean muy pequeña, por lo que por debajo asomaban sus hermosos glúteos y por arriba de la cintura asomaban dos delgados hilos de una tanga colaless. Unas medias de red y unos tacos altos completaban su vestimenta. El pelo suelto enmarcaba su rostro contraído de furia.
-¡esto es para las putas!- dijo ella con el enojo a flor de labios
-Estás preciosa, me recalentás así vestida- dijo ahora sonriendo José
Inmediatamente el gesto adusto se trastocó en una tímida sonrisa en el rostro de Jesica.
-sos un cabrón- dijo ella intentando abrazarlo
-vas a venir conmigo- ordenó él
Ella no se opuso en lo más mínimo, sabía que era inútil, y que él terminaba haciendo de ella lo que se le ocurriera.
El camino era totalmente conocido para ella, pues descubrió que se dirigían al mismo local de la fiesta anterior.
-¿te trae buenos recuerdos? - Dijo riendo José
-no?para nada- la risa en ella puso el tono cómplice que José esperaba
Ambos ingresaron en el local, que estaba completamente vacío, a excepción de una larga mesa en el centro, donde dos tipos de bastante más edad que Jesica esperaban pacientemente.
-buenas tardes muchachos- dijo José
-buenas, estábamos esperando
-pasé a buscar el regalito- mientras hablaba, José pasó su mano por el hombro de Jesica
Los tipos estaban anonadados
-me los vas a tratar bien, ¿estamos?- ordenó José
Jesica se quedó paralizada, las libidinosas miradas de ambos tipos la perforaban
-por lo menos dejanos que la veamos- pidió uno de ellos
José se colocó detrás de Jesica, e imprevistamente le levantó la remera, dejándola con sus tetas sólo cubiertas por un diminuto corpiño.
-José, por favor- dijo ella sorprendida
José completó la tarea y le sacó la remera y en un rápido movimiento le desprendió el corpiño para liberar definitivamente los pechos. Instintivamente ella intentó cubrirse con ambas manos, pero José hábilmente le desprendió ahora la falda que cayó hasta el piso. Ambos visitantes estallaron en risas.
-¡que buena que está- dijo uno de ellos
José sin perder tiempo la hizo girar, dejándola con el culo apuntando hacia ambos tipos. Deslizó su mano por debajo de la tanga y las medias, hasta acariciarle las nalgas.
-José, basta por favor- rogó ella
Él buscó directamente el orificio anal, y con su dedo comenzó a hacer presión en él. Inmediatamente ella intentó impedírselo con su propia mano, pero José la inmovilizó con su mano desocupada mientras ella ahora intentaba apretar sus nalgas para impedirle sus deseos, pero él con más maña que fuerza, fue ingresando lentamente, y ella con sus ojos cerrados y esforzándose por no rendirse, dejó escapar el primer suspiro.
-uhh- un sonido de admiración escapó igualmente de ambos tipos a la vez.
-José, te suplico- dijo ella cayendo cada vez más en las redes de él
José comenzó a mover su dedo, las nalgas de Jesica fueron aflojándose a medida que las defensas de ella se rendían al poder de José
Ahora el dedo se movía rítmicamente, y como él notara que los brazos de ella no ejercían resistencia, él la soltó e inmediatamente ella se abrazó a él, gimiendo sonoramente para expresar el placer que ella sentía.
Jesica jamás había tenido un orgasmo puramente anal, y esa sensación la hizo perderse en un mar de gemidos y suaves quejidos, mientras ahora su boca buscaba afanosamente los labios de José, que a modo de consuelo la besó apasionadamente.
Ella se estremeció con fervor, abriendo ahora su boca para jadear afanosamente mientras gozaba de un poderoso orgasmo anal.
Aún temblando se desnudó completamente, y se arrodillo pues tenía muchas ganas de saborear la verga de José.
En ese instante la puerta de entrada tronó al ser abierta por la fuerza.
-Policía- gritó alguien poderosamente
Sobresaltada, Jesica descubrió entre los hombres armados a Oscar y a Marcos, e inmediatamente su cuerpo acusó el susto y casi se desmayó pesadamente sobre el suelo.
Cuando despertó, Jesica estaba en una camilla, junto a ella su esposo le tomaba la mano.
-¿Qué pasó?- dijo ella haciéndose la desentendida
-Marcos me contó lo que sucedía, que José usaba poderosas drogas en nosotros, a mí para dormirme y a vos para aprovecharse de vos- dijo Oscar apesadumbrado
Aprovechando lo de ?poderosas drogas?, ella respondió
-estoy perdida?¿Dónde estamos?- la actuación de Jesica fue sumamente creíble
-descansá amor- le pidió Oscar mientras Jesica cerraba sus ojos.
Pasaron un par de horas, Jesica estaba ?totalmente recuperada de los efectos de las drogas? y junto a Marcos esperaba en un pasillo que Oscar terminara de declarar ante un oficial.
-¿me podés explicar que pasó? Preguntó Jesica
-José me dejó a un lado de las fiestas, le gustaste y él decidió sacar provecho solo, entonces yo cambie un poco la historia y le conté a tu marido- dijo Marcos
-¿y lo de las drogas?, porque en mí no usó drogas y se van a da cuenta- dijo ella preocupada
-ja, hay un testigo que va a atestiguar, es un policía y estuvo en la fiesta.
Riendo Jesica giró su rostro para conocer a quien daría ese testimonio.
El delgado vergón, ahora vestido con el uniforme de policía, subió ambos hombros sonriendo.
-tendré que agradecerle muy bien- dijo Jesica mientras Marcos azorado se cubría el rostro con sus propias manos.
¿Cómo terminó la historia?, bueno José fue apresado apenas por unas semanas y salió libre por falta de méritos, pues a pesar del testigo nunca se encontraron ?las poderosas drogas usadas en Jesica. Apenas volvió a la libertad decidió disculparse con Jesica y regularmente llevó adelante ?amorosos encuentros con ella?.
Marcos, decidió cobrarse el favor de haber salvado a Jesica, y como premio obtuvo muchos ?amorosos encuentros con ella?.
El delgado Vergon, que se llamaba Daniel, fue convenientemente recompensado por Jesica con estupendos ?amorosos encuentros con ella?.
Mientras tanto, Oscar, apesadumbrado por lo vivido por su esposa comprendía que ya no hubieran tantos ?amorosos encuentros con ella?.
FIN
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