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RELATO DE MI PRIMER DIA DE TERAPIA

Chicos y chicas les dejo este relato perdon por estar colgada pero ya voy a volver con los videos y las fotitos besitos para ustedes

Romi







Romi entró al consultorio y se sentó en la sala de espera después de anunciarse con la asistente del doctor. Era una rubia medio rara, muy linda, buenas tetas que mostraba orgullosa con una camisa muy justa y abierta hasta el tercer botón, pero se notaba que algún mambo tenía.



Romi se sentó a esperar a que termine la sesión anterior mensajeando con su celu, mientras cada tanto relojeaba a la secretaria que la miraba fijo a la entrepierna. Tanto se sentía mirada, que hasta empezó a calentarse un poquito, a pesar de que las chicas no eran lo suyo.



Por suerte se abrió la puerta y salió el doctor a invitarla a pasar. Cuando pasó, juraría que la secretaria se volteó sin tapujos a mirarle el culo, cosa que no la sorprendió y le dió un empujoncito extra a esa calentura que empezó a desarrollar esperando.



- "Dígame, Romi, ¿qué la trae por aqui?", preguntó el doctor. El doctor, psicólogo, era un tipo de unos cuarenta años, con pinta atlética, bastante pelo y pocas canas bien llevadas. Tenía puestos jeans y camisa blanca de manga corta, muy informal para su edad.



- ¡Me puede tutear, doctor!

- Bueno, empecemos de nuevo. Romi, ¿qué te trae por aquí?

- Mire, doc, resulta que yo estoy de novia hace varios años con Manu, y nos vamos a casar pronto. El tema es que yo estoy muy, pero muy bien con él, pero a mí me gusta mucho la poronga y no me alcanza sólo con él.



El doctor casi se atraganta con semejante confesión de una nueva paciente. En general, los temas sexuales caen así de rápido sólo cuando la paciente viene para levantárselo a él mismo, pero aquí todo encaró para otro lado.



- Ajá, seguí

- Bueno, yo quiero saber por qué es que me pasa eso. ¿Es malo,doc?

- Aquí no hay bueno ni malo de mi parte. Eso lo vas a decidir vos

- ¿Qué tengo que hacer? ¿Renunciar a las porongas diarias para estar sólo con él?

- Eso también lo vas a decidir vos

- ¡Es que yo necesito que me ayude!

- Vamos a charlarlo y te voy a ayudar a que decidas qué es mejor para vos

- Bueno, es que soy bastante ansiosa

- Empecemos ya mismo, entonces. Contame, ¿por qué decís que te gusta el sexo?

- Yo no dije eso. Yo dije que me gusta la poronga. Mire, ya con mi primer novio me dí cuenta de algo: era más importante para mí coger que mi propia imagen

- ¿Y eso?

- Resulta que a mi primer novio le encantaba jugar al póker. El era un tipo seguro, grandote, muy parecido a usted...



Al doc le corrió un pequeño frío por la espalda pensando que ella lo veía como a un tipo para ella, con quien ella cogería...





- Siempre que jugaba, yo me sentaba en sus piernas y lo distraía tocándole la pija por sobre el pantalón, allí a la vista de sus amigos. Y él, cada tanto, bajaba la mano y me la metía por abajo de la minifalda y me toqueteaba un poquito. Los amigos miraban y le hacían chistes, y él se jactaba de cómo y cuánto cogíamos, de la cantidad de orgasmos que yo tenía... Y todo eso me recalentaba.



- Semana a semana, esas escenas iban subiendo de temperatura. Mi novio me tenía muy controlada, y cada tanto me mandaba a traerles cerveza o whisky a sus amigos, que trataban de tocarme el culo cuando me acercaba a ellos a sacar los vasos vacíos de arriba de la mesa. Mi novio miraba, se reía y aprovechaba a meter algún bocadillo sobre nosotros. Le juro, doc, que sentía que las miradas de sus amigos me atravesaban el orto cuando me iba para la cocina a llevar las cosas. Tanto, que muchas veces llegaba a la cocina y tenía que meterme lo que tuviera a la mano en la concha porque me recalentaba.



- Resulta que un día yo estaba muy caliente por todo ese preludio, cuando a mi novio no se le ocurrió mejor idea que decirles que era la mejor chupapijas que había conocido en su vida, y que me podía meter toda su poronga en la boca hasta llegar a besarle los huevos. La previa había sido bastante excitante para todos, ya que yo tenía puesta una mini de jean que se me subía toda cuando me estiraba arriba de la mesa a agarrar las cosas sucias, y dejaba a la vista de todos la tanguita que me había puesto, que era mínima.



- Así que en eso estaba mi novio, cuando dos de sus amigos se pararon, se bajaron los pantalones y pelaron dos tremendas pijas arriba de la mesa y dijeron: "Bueno, ya basta; si es tan buena chupapijas, que nos la chupe a nosotros".



- La boca se me hacía agua al ver el tamaño que tenían, pero sabía que eso era un camino de ida. Lo miré a mi novio a los ojos y él entendió que podía ser lo último que yo haría, así que se plantó y les dijo que yo solamente se la chupaba a él que se tendrían que contentar con ver mi performance.



- Dicho eso, me agarró la cabeza con una mano, sacó su poronga del pantalón con la otra, y me la metió en la boca. Y yo empecé a chupársela adelante de todos como si fuera la última pija que iba a recibir en mi vida, haciendo honor a lo que él les había contado, hasta que se empezó a ir. En ese momento me la sacó enseguida de la boca y empezó a acabarme en la cara, y me cubrió toda la cara de leche, que me empezó a chorrear por el cuello y me empapó la remera antes de empezar a correrme por las tetas. Inmediatamente les pidió a sus amigos qu se vayan y que seguían al otro día. ¿Le parece justo eso, doc?



El doctor tenía la pija tan parada que le dolía adentro de los pantalones. Estaba inmerso en el relato de Romi, tanto que no notaba que le estaba preguntando a él.



- ¿Doc? ¿Le parece justo eso que me hizo?

- ¡Ah! Si, perdón, no, la verdad me parece completamente injusto

- Si, yo opino lo mismo. ¿Cómo puede ser que les hahya pedido que se vayan después de dejarme tan caliente? Yo quería chupársela a todos, quería quedar bañada en guasca, quería tomarme lo que me iba cayendo por entre las tetas...

- Mirá, Romi, ya pasó el tiempo. Le pido que sigamos la próxima sesión justo desde aquí

- ¿Le parece que voy a poder saber qué me pasa?

- Si, creo que sí, pero vas a tener que venir unas tres veces por semana. Llamá esta tarde a mi secretaria para sacar los turnos que sean necesarios

- Pero eso lo puedo arreglar ahora mismo cuando salgo

- "No, ahora no; necesito resolver un tema con mi secretaria", le dijo a Romi mientras prácticamente la empujaba por la puerta.



Cuando Romi salió, le hizo una seña a la secretaria para que pase. Antes de que ésta cerrara la puerta, ya le había arrancado los pocos botones abrochados de la blusa y le estaba poniendo la poronga entre ese inmenso par de tetas...



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